LAS VICTIMAS

“Es como si estuvieran aquí, a esta hora. Algunos me miran, otros me dicen cosas. Yo les sonrío y a veces les respondo. Sé que tarde o temprano iré tras ellos. Tarde o temprano la vida se me pondrá por delante y saltaré al camino” (Haroldo Conti)
BUSCAMOS FOTOS, RASTROS, HUELLAS DE VIDA, LOS QUE PUEDAN ACERQUENSE….

Marcelo Alejandro Pacini (15)

 Al norte de la ciudad la cosa está mucho más pesada. La gente intenta robar en otros supermercados. Los rodean y aguantan; aguantan, hasta que no da para más.
Blas Parera al 5800. Allí saquean otro supermercado. Es el Bienestar. Pedro Bré, su dueño, maldice a todos. La gente sigue agolpada en distintos supermercados y comienza la represión policial. En otra sucursal de la cadena Bienestar que está más al norte cae muerto un pibe de quince años. Marcelo Alejandro Pacini queda tendido en el piso, no de hambre todavía. Recibe una perdigonada de un escopetazo disparado por un comerciante desbordado que trabaja frente al super, en Blas Parera al 8900. Había ido con sus hermanos en busca del bolsón. Más tarde su madre, desenfocada, está en la municipalidad pidiendo ayuda para poder comprar el cajoncito. El resto de la gente en ese lugar sigue queriendo saquear el supermercado. La policía sigue reprimiendo. Hay heridos y detenidos. Otra persona, María Chapú, de 17 años, recibe un balazo que casi le desprende un brazo. FUENTE: siempretarde

Claudio Lepratti (35)

Graciela Acosta (35)

Juan Alberto Delgado (24)

Rubén Pereyra (20)

Walter Campos (17)

Liliana Yanina García (18)

Ricardo Villalba (16)

Graciela Machado (35)

Damián Vicente Ramírez (14)

 Esa tarde del 19 de diciembre de 2001, Ariel Salas, de 30 años, salió temprano de su trabajo en una joyería del barrio porteño de Almagro, en Valentín Gómez 3828. El dueño del comercio lo autorizó a retirarse antes, dada la movilización popular y la represión policial que le pusieron marco a la caída del gobierno de Fernando de la Rúa. El estudiante de octavo grado Damián Vicente Ramírez, de 14, estaba ese mismo día en su casa del barrio 22 de Enero, en Ciudad Evita, partido de La Matanza. “Una vecina nos avisó que había saqueos. El portón de mi casa estaba cerrado y cuando lo abrí Damián se escapó por debajo de mi brazo. ‘Me voy a chusmear a la esquina’, me dijo y salió corriendo”, recordó a Página/12 Raquel Arrieta, la madre del adolescente. Entre las 19 y las 19.30, ocho hombres armados comenzaron a disparar contra un nutrido grupo de personas reunidas en la esquina de Cristianía y Maciel. A Salas lo mataron de un escopetazo cuando bajaba del colectivo 180. El chico Ramírez recibió un balazo disparado por una 9 milímetros. Por las dos muertes están acusados un comerciante de la zona y otras tres personas. El juicio –el primero por los 39 homicidios que ocurrieron en diciembre de 2001– comienza finalmente hoy, después de dos postergaciones debidas a “chicanas” judiciales presentadas por la defensa de los acusados. FUENTE pagina/12

Ariel Maximiliano Salas (30)

 Con el repudio de los familiares se conoció el pasado lunes 12 la sentencia a los asesinos de los Ariel Salas y Damián Ramírez. En el Tribunal nº 3 de La Matanza, Luis Mazzi fue condenado a 15 años de prisión, Bernardo Alonso Joulie a 6 años y Enrique Migachi quedó absuelto. El juicio había empezado el 26 de febrero de 2006 FUENTE anred

Pablo Marcelo Guías (23)

Roberto Agustín Gramajo (19)

Víctor Ariel Enrique (21)

 Víctor Ariel Enrique (21) murió en la vereda del autoservicio Arca Noé del barrio Don Orione en Claypole. Por este episodio fue detenido el dueño del local, Angel Villanueva, que tenía una escopeta calibre 12,70 y una pistola. FUENTE diasdehistoria

Eduardo Legembere (20)

 Cristian Eduardo Legembre (20) recibió tres balazos en el saqueo al mercado Steffi, en Libertad, partido de Merlo.FUENTE diasdehistoria

Diego Avila (24)

 Liu Yan Qung (26) vio llegar una ola humana a su mercado Family, apuntó con su pistola Bersa calibre 22 y la bala encontró la cabeza de Diego Avila (24), un desesperado de Villa Fiorito. FUENTE diasdehistoria

 María Rosales (28)

Julio Hernán Flores (15)

Daniel Enrique Mataza (23)

Cristian Gómez (25)

Maximiliano Tasca (25)

Carlos Petete Almirón (23)

Fernando Almirón comienza por señalar las diferencias con su hermano Carlos. “El era narigón y yo no. El era re estudioso y yo no terminé la secundaria. El tenía 23 y yo 19. A él le gustaba Hermética (un grupo de heavy metal) y a mi la cumbia. El era hincha de Independiente y yo de Los Andes. El era blanco y yo soy morocho”. Aunque para él la principal diferencia era otra: a él no le interesa la política y su hermano era militante. Carlos se acercó a una organización social en una protesta contra la violencia policial y siguió participando en la Universidad, en donde cursaba la carrera de Sociología.Los dos vivían con su bisabuela, Martiniana, de 82 años, en Lanús, una localidad del sur bonaerense de casitas bajas y calles arboladas. La de los Almirón es grande, con tres habitaciones, un jardín en el frente y una parrilla al fondo, custodiada por dos perros. De allí partió Carlos el jueves 20 por la mañana hacia Plaza de Mayo y desde allí salió Fernando desesperado, cuando le anunciaron que su hermano había muerto por un impacto de bala en el tórax. Allí también lo velaron el domingo 23 y desde allí partió el cortejo fúnebre con más de mil personas gritando una consigna política más vieja que el cadáver: “la sangre derramada no será negociada”. FUENTE lavaca

Marcelo Riva (31)

 Gastón Riva, el padre de sus tres hijos, el motociclista que trabajaba desde las seis y media de la mañana hasta las doce de la noche, el primer muerto registrado a las 16.20 en Lima y Avenida de Mayo, el que recibió el impacto en pleno corazón, el hombre al que su mujer no quiere que se lo identifique por ninguna otra cosa que no sean todas estas.“El no era dirigente motoquero. Ni siquiera estaba afiliado. Estaba caliente, como todos, y seguramente por eso participó de la protesta. Por toda la situación económica, por lo que estamos pasando y porque tenemos tres chicos. ¿Le parece poco?”. FUENTE lavaca

Diego Lamagna (17)

Alberto Márquez (57)

Gustavo Benedetto (23)

Gustavo Ariel Benedetto, 23 años, hijo de su barrio -La Tablada-, egresado de la escuela secundaria y pública Número 155, trabajaba como repositor de la sección verduras del supermercado Dia durante doce horas al día y por cuatrocientos pesos al mes.
Su amiga y abogada, Cristina Laborde, lo describe como “un pibe de cutis blanco, flaco y muy alto: casi un metro noventa. Esa altura lo convirtió en un blanco fácil”. Gustavo vivía con su madre y su hermana en una casa de una planta, con dos habitaciones, comedor, cocina, patio y perro. Su padre había muerto de cáncer nueve meses atrás y, desde entonces, él era el único sostén familiar. Su universo privado era su cuarto, con dos camas, un mueble para guardar ropa, un estante con CDs y equipo de música, un banderín del Ríver Plate, un poster del retirado delantero Enzo Francescoli y la bandera de su banda musical preferida: Baroja, nacida y criada en La Tablada, como él. Rock duro y potente, con una guitarra furiosa, batería, bajo, saxo y canciones que hoy también suenan proféticas:No esperes más que no hay a dónde ir/
Rompe la mentira que lo que falta es la verdad/
Solo lucha una vez/
La muerte está esperándote.
Sebastián Piacentini, el mejor amigo de Gustavo, es el autor de la letra y el que explica lo que ahora resulta obvio: “La muerte, la verdad y la mentira son temas que siempre están presentes en nuestra banda. No pensé en nadie en especial cuando la compuse. Se llama Sólo faltás vos y cuando la cantamos en un concierto, seis días después de la muerte de Gustavo, recordé todo lo que pasamos juntos. Y me di cuenta lo solo que se habrá sentido ese último día”.Ese último día, Gustavo se presentó a trabajar a las siete de la mañana, pero la amenaza de los saqueos obligó al supermercado a cerrar. Preocupado por la suerte del local, regresó al mediodía y comprobó el desastre: las persianas y los vidrios estaban rotos, las góndolas vacías, los destrozos desparramados por todos lados. Impotente, Gustavo decidió ir a Plaza de Mayo a protestar. Intentó convencer a varios amigos para que lo acompañaran, pero ninguno estaba disponible. Su determinación o indignación tiene esa dimensión: un muchacho que siempre estaba acompañado, escoltado por su barra de amigos, sube solo al colectivo número 126, viaja durante una hora y media y desciende cien metros antes de toparse con una bala.Gustavo cayó en Avenida de Mayo al 600, delante de las cámaras, frente a los ojos de su mamá y su hermana. Las dos lo vieron morir por televisión, once días antes de poder festejarle el cumpleaños número 24, mientras escuchaban que alguien gritaba:“están tirando desde adentro”. FUENTE: lavaca

Rubén Aredes (30)

Romina Iturrain (15)

Romina Iturain tenía 15 años. Ese 20 de diciembre de 2001 fue a pasar la tarde a la casa de su tía, una humilde chacra en calle Larramendi, allí donde varios barrios se confunden. Había ido, contaría después su padre, porque había logrado “salvar” todas las materias. Comenzaban sus vacaciones. Y estaba tomando mates bajo una parra sin saber que a sólo 300 metros un inusitado despliegue policial –el mayor operativo que se desplegó en Paraná- se ensañaba contra la gente del barrio en defensa irrestricta del hiper norteamericano Wall Mart.

Otra vez las 9mm desefundaron contra un montón de gente desarmada. La gente huyó como pudo y corrieron por un caminito que llevaba a la casa de los Iturain. No quedaba otra salida. Allí siguió la balacera. Romina y su prima intentaron ponerse a salvo ingresando a su vivienda, pero no había “a salvo” posible. Una bala alcanzó a Romina. Ahí nomás, en la puerta de la casa, la jovencita se desplomó. Tenía 15 años. Fuente: cta

Romina escribia poemas ynos dejo uno (que su papa, nos comparte):

Sus compañeras de escuela, tambien la recuerdan…

Eloísa Rosa Paniagua (13)

Eloísa Paniagua tenía 13 años apenas cumplidos. El 20 de diciembre acompañó a su padre y vecinos a pedir comida al supermercado de calle San Juan, muy cerquita del barrio Maccarone donde vivían. Pero allí no se repartió comida –como se había dicho- sino represión.
Era casi el mediodía cuando comenzó la corrida. Mujeres y niños escaparon hacia el Parque Berduc. Estaban ya a cinco cuadras del supermercado e iban con las manos vacías. No hubo saqueos, ni entrega voluntaria de comida. Pero enceguecido, un móvil policial se detuvo y comenzó a disparar a esas mujeres y niños que huían. Lo hizo por la espalda y a plena luz. Lo hizo con su pistola reglamentaria 9mm. Y el proyectil ingresó en la nuca de la niña.

Eloísa cayó muerta de bala. Tenía 13 años y murió sobre la pista de atletismo de un parque escolar. Fuente: cta

Martínez ya duerme en su casa
El primer acusado del país hallado culpable por las muertes acontecidas el 19 y 20 de diciembre de 2001 abandonó durante 2009 la Unidad Penal Nº 1 de Paraná para acogerse al beneficio de la libertad condicional. El cabo Silvio Martínez fue sentenciado en mayo de 2003 a la pena de 10 años de prisión por haber baleado a Eloisa Paniagua, quien tenía 13 años.
El ex funcionario policial por su buena conducta y por haber cumplido los dos tercios de la pena –seis años en la cárcel– conquistó los beneficios de la libertad condicional. Por ende, Martínez ya vive en su casa junto a su familia.
Martínez debe concurrir periódicamente al juzgado de Ejecución de Penas a firmar un control. El ex efectivo de la Policía tiene como restricción no salir de la capital entrerriana sin dar aviso a la Justicia.
El hecho que se le imputó a Martínez aconteció el 20 de diciembre en el predio del Parque Berduc de la capital entrerriana. Allí, el ex funcionario policial bajó de un automóvil Fiat Duna y disparó contra la muchedumbre que escapaba de la Policía. Eloisa fue la víctima del proyectil calibre 9 milímetros. Entró por su cabeza y salió por su boca. La menor, del barrio Maccarone, había concurrido con varios vecinos al supermercado Norte ubicado en San Juan y Victoria a buscar alimentos. A ocho años de esos sangrientos días, ya ni Martínez está tras las rejas. Llamó la atención que la Justicia no pudo establecer –o no quiso– una cadena de responsabilidades. Fuente: Informedigital

 José Daniel Rodríguez (25)

 El 21 de diciembre de 2001 el joven José Daniel Rodríguez fue visto por última vez. Militante desocupado de la CCC, estuvo en las inmediaciones del Wal Mart, el día que el hipermercado se transformó en epicentro de una batalla campal. Después no se supo nada más de él. Su cadáver fue encontrado unos 11 días después. Y el crimen sigue impune. Fuente: cta

 Elvira Abaca (42)

Ramón Alberto Arapi (23)

 
 En la calurosa madrugada del 20 de diciembre de 2001, Ramón Alberto Arapi, de 22 años, estaba haciendo algo más que correntino: tomaba tereré con sus amigos. Por la radio y la televisión llegaban noticias de la rebelión popular en Buenos Aires que tenía su espejo cercano en el Barrio Nuevo de Corrientes con movilizaciones, saqueos y represión. Ramón sostenía el mate cuando entró al barrio una camioneta Ford F-100 bordó sin leyendas identificatorias y sin patente. En el vehículo iban cinco hombres, cuatro con el uniforme de combate azul-celeste de la policía de Corrientes. Arapi trató de esconderse, pero dos de los policías lo corrieron y alcanzaron. Uno lo golpeó y le pegó un tiro que entró por el pecho y salió por la espalda. Recién el 14 de marzo, después de muchos desvíos, la investigación se orientó hacia cinco efectivos de la Comisaría 13ª de Corrientes. Uno es señalado como el autor material y los otros podrían ser acusados de partícipes necesarios.
Arapi era “beneficiario” de un Plan Trabajar y tenía un puesto de barrendero municipal. Desde el comienzo quedó claro que estaba tranquilo, en una esquina de la peatonal Ramos Mejía, a metros de su domicilio, con uno de sus ocho hermanos, Cristian Alexis, y dos amigos. Los saqueos no estaban centrados en el Barrio Nuevo, un conglomerado de casitas de familias de bajos recursos. “Los testigos declararon que estaban riéndose, conversando, tomando tereré porque hacía mucho calor”, dijo a Página/12 Norma Arapi, hermana de la víctima. En varios puntos de la ciudad, “la policía andaba como loca” por los saqueos en supermercados. Pero en el Barrio Nuevo no había pasado nada hasta que llegó la policía.FUENTE Pagina/12

 David Ernesto Moreno (13)

 
David Moreno, fue una de las victimas del accionar policial del 20 de diciembre del 2001.
La decisión la adoptó la Cámara Octava del Crimen, por considerar que no estaban acreditadas las pruebas para incriminar al oficial Hugo Cánovas Badra, de la Guardia de Infantería de la Policía de Córdoba, por lo que ordenó su libertad, informaron fuentes judiciales.
En cambio, la Fiscalía de Instrucción actuante, después de una larga investigación, había concluido que existía responsabilidad directa del policía en la muerte de David, luego de la represión realizada aquel día frente al supermercado Minisol, de la localidad de Villa Rivera Indarte, en el Gran Córdoba. La Cámara, al ordenar la liberación del único imputado, rechazó la elevación a juicio del caso efectuada por la Fiscalía y dispuso que se sigan investigando los hechos para determinar quién fue el responsable del disparo que terminó con la vida del joven.
En su resolución, el tribunal entendió que la investigación realizada no aclaró el hecho y señaló que el caso sigue siendo confuso, ya que si bien el disparo aparentemente salió del pelotón policial que custodiaba el local comercial, no está determinado fehacientemente la identidad del autor del balazo.
Los familiares de David Moreno declararon que seguiran luchando para que se haga justicia,no solo con el autor material sino tambien con los responsables politicos del asesinato.fuente: indymedia

Luis Fernández (27)

 Luis Fernández. Era un vendedor de sandías, de 27 años, que tenía su puesto frente al Hipermercado Libertad de avenida Roca al 3.400, y que recibió un balazo en el pecho. Tras el episodio, todas las armas de los gendarmes y de los policías tucumanos que estaban en el lugar fueron peritadas, pero no se encontró con la que se le dio muerte a Fernández.
La causa sigue abierta porque la familia de Fernández es querellante, y no puede archivarse a pesar de la aparente imposibilidad de dar con los responsables del crimen.FUENTE lagaceta
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